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Ya hace más de un mes, semana arriba semana abajo, que les hablaba en ésta misma ventana sobre las sensaciones de un partido de pretemporada. Pues bien, han bastado unos pocos partidos oficiales para dejar la sensación de que el verano casi casi no ha existido. Que, en cierto modo, la vida sigue igual. Unos sufren como nunca pero compiten y ganan, casi siempre ganan. Los otros, siguen a lo suyo. Para ellos no ha habido verano, ni europeo, ni bodas, ni bautizos, ni comuniones. Siguen igual. Comen igual, hablan igual, corren igual, juegan igual. Vamos, que durante julio, agosto y buena parte de septiembre el tiempo se ha detenido. No para todos claro. Unos se fueron y otros llegaron. Pero, ¿quién lo ha notado?

Hay quién defiende que con una sonrisa todo se ve mejor. Que sonreír ayuda y que, por muy negro que este el asunto, siempre hay que buscar el lado bueno de las cosas. “Always look on the bright side of life” que cantarían los Monty Python desde la misma cruz en la inconmensurable La vida de Brian. Sucede que eso, sonreír, no es nada fácil de conseguir. Unas veces se necesita mucho trabajo para lograrlo, otras sin embargo, sale natural. Así. Sin más. Cuando eso se consigue, puedes darte por satisfecho.

Y eso es lo que está logrando el Real Madrid de baloncesto. Algo tan simple y tan complicado a la vez como sonreír en todo momento. Pero no una sonrisa falsa como la de la señorita Kubelik para ocultar su tristeza. Sino una verdadera. Una como las que provocan la propia La vida de Bryan o El apartamento. Tan diferentes entre sí, pero con idéntico resultado. Porque jugar con alegría es algo muy difícil de conseguir y, provocar alegría, todavía lo es más.

Así que no vamos a hablar hoy de estilo más o menos atractivo. De correr más o menos. De si es culpa de Laso o del que trae a Laso. De sí es fruto de la apuesta por una forma de jugar o no. De si todo sale así porque la materia prima (los jugadores) es la ideal para que todo salga así o no. Todo eso, en el fondo, es irrelevante. Toca hablar de sensaciones y la más real de todas es que uno ve a esos doce componentes de la materia prima y a todos, a todos sin excepción, les ve sonreír. Algo que se contagia. Que va del balón al tablero, a la canasta, a la pista y a todo el que lo ve. Ya sea de cuerpo presente en la grada o, cuando se ve, a través de la pantalla de televisión.

Por eso llevan cinco de cinco este año. Por eso han ganado el primer título en juego. Por eso van a Kaunas y vuelven con veinte puntos de renta. Por eso reciben a Baskonia y le vencen de treinta como si nada. Por eso acaban de firmar el mejor arranque desde que existe la ACB. Por eso celebraron ese primer título del año como si fuera el último de sus vidas. Porque se divierten. Sí, se divierten. Esa es la clave. No que te guste lo que haces, con eso solo no basta. Te tiene que gustar y tienes que disfrutar con lo que haces. Hoy por hoy solo hay un equipo que lo logra. Así le va. Deberían tomar ejemplo el resto, y también nosotros. Todos los demás. Luchar por lo que se cree y disfrutar con lo que se hace. Como C.C. Baxter. Como ese grupo humano que, mientras siga así, con esa sonrisa en el rostro, seguirá igual y, los que le ven, sean de donde sean y vengan de donde., sonreirán igual. No digan que no, no cuela.