BlogJouveTodoIgual

El verano es esa época del año en la que todo el mundo intenta desconectar pero nadie deja de hablar de fichajes, de rumores, de este sí, este no, este sí pero… Realmente eso es algo que pasa todo el año solo que de julio a septiembre se junta con lo de tratar de pasar de todo y al final ni una cosa ni la otra. Como la eterna pregunta: ¿quién se ha reforzado mejor? Esa, ya les digo, nunca tiene respuesta, es como ¿a quién quieres más? Pues eso.

Sea como sea la temporada está en marcha. Se ha disputado un título y una jornada liguera y en una semana arranca el curso europeo y sí, o mucho me equivoco, o me da en la nariz que en lo que a baloncesto se refiere estamos destinados a, como mínimo, otros ocho o diez duelos entre Real Madrid y Barcelona. De momento ya llevamos uno así que ya sabemos que tres tendremos seguro. Pero la temporada pasada la cifra se fue a nueve y la anterior a diez. Al tiempo.

Al final, la pregunta de antes, se reduce a los de siempre y lo hace porque en el primer torneo del año el aspirante a romper la dualidad fracasó y aunque su proyecto ilusiona pinta que se va a quedar en poco o nada. Según el baremo de cada uno claro. Aún así soy de la opinión de que Valencia se ha reforzado muy bien, que en Murcia, Zaragoza y Sevilla hay proyectos a los que merece la pena tener controlados y que Gran Canaria apunta por fin no sólo a competir sino a pelear de verdad por ganar en todas en partes. Veremos. Hablar es muy fácil, estamos en octubre y esto dura hasta la última semana de junio. Aunque sí, Barcelona y Real Madrid son quién mejor se han reforzado. No cambian pero amplían su ya extenso repertorio. ¿Quién lo ha hecho mejor? En julio respondemos. Tres partidos y un título no dan para hacerlo ahora. ¿O sí? Yo no lo sé, o por lo menos no me atrevo. Lo que sí me atrevo a afirmar es que, como suele suceder, parece, y digo parece, que ambos se han puesto nerviosos con los movimientos del “enemigo”.

Unos juegan todas las finales de la temporada nacional perdiendo dos y ganando la “teóricamente” más importante y, a pesar de eso, salen al mercado a por los mejores jugadores del curso anterior. Salen y los compran. Los otros juegan todas las finales. Aquí y allí. Dentro y fuera. Ganan dos y pierden dos, las “teóricamente” más importantes. Pero no se quedan ahí. Durante el año han maravillado a propios y extraños con su juego. Han reventado los números de asistencia a los pabellones. Al propio y a los ajenos. Pero parece que no sirve. Pierdes un partido en mayo y todo pasa del blanco al negro. Da igual que llevases décadas sin meterte en las finales y que ahora, además de llegar a todas, vayas dejando elogios allí por donde juegas. Da igual. Pierdes uno y temporada terminada. Nada sirve. A cambiarlo todo. ¿O no? Porque por lo poco que se ha visto este nuevo Real Madrid es una versión remozada. Una evolución. Un… A ese dinamismo, a esa alegría, a esa plasticidad, a esa velocidad vamos a añadirle contundencia, presencia, “intensidad” o, por qué no decirlo, mala leche. Ojo, con calidad. Con mucha calidad. ¿Era necesario? Sinceramente, no lo sé. Igual que antes lo sabremos cuando se debe responder a todo esto. En julio. Entonces se verá cuántas finales se han jugado y cuántas se han ganado ya que, parece ser, eso es lo único importante. Al menos lo único a lo que muchos le dan valor aunque este que les aburre seguirá pensando que hay más cosas.

Así que habrá que esperar para saber quién se ha reforzado mejor, quién se puso más o menos nervioso o quién ha acertado y quién no. Pero parece evidente que, mal que les pese a algunos, muchos o pocos, da igual, el baloncesto va destinado a otro año más de escasas audiencias televisivas (795.000 espectadores el Real Madrid – Barcelona de la Final de la Supercopa y 335.000 el Real Madrid – Herbalife Gran Canaria, ambos por La 1 de TVE) y a esa dualidad que, de momento, nadie rompe. Ojalá nos equivoquemos pero vamos, más de lo mismo. Gustará más o menos pero apasionante lo será seguro.