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No les voy a engañar, les escribo éstas líneas, cortas para algunos, eternas para otros, desde una playa, una piscina, una cafetería o un parque cualquiera. A mi vista sólo hay mar, arena, césped, agua o el calor, el trasiego y la tranquilidad que desprende cualquier urbe en verano. Porque sí, estamos de vacaciones. Perdón, estoy de vacaciones. No hace ni dos semanas que la Liga Endesa colgó el cartel de cerrado hasta la temporada que viene y yo ya llevo casi todo ese tiempo sin ver ni un aro, ni un tablero, ni una zona en varios kilómetros a la redonda. Con una sola excepción, el europeo femenino. No les voy a engañar, no soy de los más puestos en el basket de las chicas que diría alguno. Mi día a día no me deja casi tiempo para ello. En esta misma página encontrarán a compañeros míos mucho mejor preparados para ello pero, lo que sí les puedo decir, es que uno se sienta ante el televisor y no puede hacer otra cosa que disfrutar viendo el talento, la clase y la calidad de Torrens. La fuerza y el empuje de Lyttle. La maravillosa y muchas veces mágica dirección de Silvia Domínguez y Laia Palau. El BALONCESTO de Marta Xargay (¡que jugadora!). O las lágrimas de de Amaya Valdemoro y Elisa Aguilar. Esa imagen lo dice todo. Lo explica todo. Enhorabuena.

Dicho esto, vuelvo a mi periplo estival y recuerdo los cuadernos con los que nos hacían cargar todo el verano a aquellos que, como yo, digamos no dábamos el máximo durante el año y, claro, te tocaba irte a la playa de turno con los cuadernitos de ejercicios. Así que me he sentado hoy con la intención de repasar el curso de nuestros alumnos más ilustres, o más destacados, que en mi clase había más de un empollón o empollona que también se llevaba los mismos cuadernos a la playa. Pero no les aburro más, vamos al lío…

Real Madrid: Sobresaliente.

Dos títulos. Una final europea. La nota no puede ser otra. Bueno, podría ser Matrícula de Honor, pero para eso tendría que haber conseguido lo que ha estado a punto de lograr. Dos partidos, dos, han sido los que han alejado a Pablo Laso y sus jugadores de ganarlo absolutamente todo ésta temporada.

Supercopa, ganada. Copa del Rey, cayeron en cuartos, tras dos prórrogas y un rebote. Sí, eran cuartos, había dos partidos más, pero seamos sinceros ¿alguien dudó en aquel instante que quién ganase ese partido levantaría el trofeo? Pues eso. Seguimos. Euroliga, finalista. Un cuarto maravilloso, primoroso, con un baloncesto de quilates. Con los jugadores más metidos en busca de un objetivo que yo jamás vi. Tres cuartos más de réplica inmejorable de Olympiacos. Chapó. Justo campeón.

Y Liga Endesa, ACB, campeón. En cinco partidos y ante su público. Pero más que merecido. Una vez más, el primer partido fue “determinante”. Ese que levantaron entre Sergio Rodríguez y Felipe Reyes. Ese que no mereció pero ganó el Real Madrid. Ese que abrió una final intensa como pocas. En dos años, Pablo Laso y sus jugadores le han dado al conjunto blanco una Copa del Rey, una Supercopa y una Liga ACB. Amén del subcampeonato europeo. Y todo eso, además, haciendo que la gente se divierta. La barba del Chacho señala el camino dicen algunos. La sonrisa del Chacho ilustra el camino diría yo. Esa sonrisa es el reflejo de ese vestuario. El que lo quiera ver, que lo vea, el que no, que mire a otro lado.

Barcelona: Notable.

Pero de los altos, de los que nos ponían con asteriscos al lado. Campeón de Copa. Subcampeón de ACB y Supercopa. Y otra Final Four en el camino. No lo voy a negar. Me fascina la competitividad de este equipo. Su manera de agarrarse a los partidos y no marcharse absolutamente nunca de ellos. El cómo se sobreponen a cualquier tipo de imprevisto. Su capacidad para competir es loable y digna de imitar.

Gran Canaria y CAI Zaragoza: Matrículas.

Imposible más con menos. Así de simple. Basta con mirar quién se ha quedado por detrás. Hemos sabido que Gran Canaria renuncia a participar en Eurocup, parece que CAI sí la jugará. Pero lo que yo ni entiendo ni entenderé es por qué estos dos equipos no están en Euroliga el año que viene. Incomprensible. Injusto.

Y del resto pues podríamos seguir. Uno por uno. Pero sería largo, extenso y aburrido. Podríamos decir que Baskonia necesita una remodelación interna tan amplia como la de su pabellón y que, los hijos pródigos, son eso, pródigos, pero que no siempre vienen con un pan bajo el brazo. Que Unicaja no merece jugar Euroliga pero que parece por fin emprende un camino firme y fiable. Por favor, dejen trabajar a Plaza, no se arrepentirán. O que Bilbao tiene que hacer lo imposible por mantener ese espíritu generado en el que posiblemente sea el mejor pabellón para jugar de local en toda la ACB. Y que bla, bla, bla… por que la temporada ya se ha acabado. Los premios están repartidos y, dos semanas después, casi nadie se acuerda ya de ellos.

Quedan los recuerdos, las imágenes. Las sensaciones. Unas mejores, otras peores y, si me lo permiten, yo tenía una grabada. Les pongo en situación. Junio 2012. Un balón surca los aires desde la mitad de la cancha hasta uno de los aros del Palau. Entra limpio. La grada se cae. Marcelinho a puesto el uno cero y, no lo sabe aún, pero ha amarrado con fuerza tres cuartas partes del trofeo. Ese balón, después de entrar, bota un par de veces y llega rodando hasta quién les escribe. Lo recojo y, ante mí, encuentro a alguien pidiéndomelo. Es Sergio Llull. Se lo doy y, de un puntapié, lo planta en lo más alto del Palau. Aquella cara pidiéndome ese balón la tendré grabada siempre. Ahora, les propongo yo sus deberes para el verano. Busquen las muchas fotos que hay de la celebración del título de este año del Real Madrid y deténganse en la cara de Llull. Fíjense bien. Sabrán de lo que les hablo. Feliz verano.