BlogJouveElLegado

¿Qué es lo realmente importante? ¿Qué es lo que se busca de verdad? ¿Ganar? ¿Solo eso? Es evidente que ese es el fin de todo el que sale a jugar cualquier tipo de deporte. El que sea. Eso, esas cinco letras, es lo que quieren todos. Todos. Ganar. A que viene entonces que les cuente esto. La verdad, ni yo mismo lo sé muy bien pero, y tal vez, solo tal vez, me he dejado llevar por las corrientes de los últimos días en otros deportes y se me ha ocurrido que es importante resaltar algo. Tranquilos. De posesión, no posesión, poner autobuses o la belleza de la contra no voy a hablar. Bastante lo hacen ya en otros lugares.

Pero si me parece importante volver a sacar a relucir la eterna cuestión. ¿Vale solo con ganar? Ya les digo que para mi sí. Si no hay victoria, el resto me da igual. Hay muchas clases de triunfos pero, en lo que a deporte se refiere, si no se gana, pasamos a otra cosa. El caso aquí es que prácticamente todos estamos empeñados en afirmar y asegurar lo que quiere el jugador, lo que quiere el entrenador y lo que quiere el público, el aficionado. Algunos se llevaran las manos a la cabeza, otros asentirán y a otros quizás les entren las ganas de atizarme pero insisto. No se engañen. Todos quieren lo mismo. Ganar.

Partiendo de esa base hay un hecho a raíz de lo que está haciendo el Real Madrid que no es que esté pasando desapercibido pero quizás no se está resaltando como merece. Conviene decir que estas líneas se están escribiendo después de la primera derrota en casa de la temporada. La primera en Liga Endesa también. Apunte hecho, este equipo que entrena Pablo Laso lleva 62 partidos oficiales con un balance de 56 victorias y 6 derrotas. Amén de los dos títulos que se han disputado ya. 56 de 62 ó 6 en 62. Elijan la manera que más les guste. Eso solo tiene un nombre. Ganar. El como, la forma, es importante si al final se vuelven a juntar esas cinco letras. Es así y siempre será así, excepto en una situación. El legado.

¿Qué es el legado? Lo que dejas, lo que aportas, lo que generas, lo que provocas en la gente. No son definiciones exactas. Es lo que yo entiendo por legado y ahí no vale solo con ganar. Hace falta más y eso, ese más, lo está consiguiendo este Real Madrid de baloncesto. Su manera de jugar, su manera de ganar, ha encontrado respuesta. La ha encontrado allí donde es más importante encontrarla. En la gente. En el público. En el aficionado que acude a los pabellones. Para no marear con cifras y cifras me limitaré a los partidos de los de Laso como locales. 29 partidos. 14 de Liga Endesa y 15 de Euroliga. Un total de 290.112 espectadores. Una media de asistencia al Palacio de 10.004 espectadores por partido. Son solo números, con su frialdad, pero también con su contundencia. Podríamos desglosarlos todavía más. Decir que en ACB la media es de 9.613 espectadores y en Euroliga de 10.368. Que el top de asistencia lo tienen los duelos contra Barcelona (13.217), CSKA (13.192) y Olympiacos (12.698 en el quinto partido). Que lejos de Madrid y mas allá de los Pirineos, no han sido una ni dos ni tres ni cuatro las veces que el equipo que recibía a los de Laso ha puesto el cartel de todo vendido. O que a la final de Copa en Málaga se desplazaron cerca de 3.000 aficionados. Dos años antes, en la misma final, pero en el Sant Jordi, no llegaban a los 1.000. Son datos. Números que marcan que el Real Madrid ha incrementado considerablemente la afluencia de público. Sobre todo en casa. Factor determinante la vuelta al Palacio de los Deportes, en pleno corazón de Madrid. Pero también ganar y la manera de ganar. Porque ahí si es importante la forma, el legado.

La comunión entre público y equipo es como pocas veces antes se recuerda. En la temporada actual esa unión es constante. No varía. ¿El último ejemplo? Muy reciente. El quinto partido frente a Olympiacos. Equipo y gente eran lo mismo. El público respiraba y se movía al ritmo y con las constantes de lo que se les transmitía desde la pista y, los jugadores, exactamente igual. Funcionaban con lo que recibían desde la grada. Lo que todo el mundo quiere. Lo que todo el mundo busca. Una comunión perfecta afición-jugador. Un equipo.Algo que quedó reflejado cuando Felipe Reyes y Sergio Llull, en la tercera vez que les hacían salir a pista para agradecer y festejar el pase a la Final Four, se acercaron a la grada donde habita la peña de animación más bulliciosa del Palacio. Los dos capitanes del equipo abrazándose y cantando con los Berserkers. ¿Se habría producido ese momento de haber perdido? No lo sabemos. ¿Y de haber ganado de otra manera, con otra forma? Tampoco. Sabemos lo que pasó y lo que está pasando. Una comunión perfecta entre público y equipo. ¿Por qué? Sí, por eso. Ganar. Este equipo gana sí, pero lo hace de una manera que genera cosas, que deja algo, que aporta, que provoca sensaciones. Un legado.