CompromisoMirotixJouve

 

Hace más o menos una semana que esa palabra se repite en mi cabeza. Compromiso. Estarán de acuerdo conmigo en que es una de esas palabras que suenan bien. Que tienen como fuerza. Parece que si las usas le das más importancia a lo que estás contando. Pero cuidado, el castellano es muy rico y compromiso es un claro ejemplo de ello. Compromisos hay muchos y de muchas maneras. No es lo mismo uno laboral que uno matrimonial. Bueno, o sí. Quien sabe. Lo que sí se sabe es que es un buen ejemplo para que todos tengamos mucho cuidado con las palabras que utilizamos.

A veces, el compromiso, nos lo auto-imponemos nosotros mismos, por lo que sea, pero lo hacemos. Otras son de mutuo acuerdo y otras, simplemente, nos llega casi forzado. El compromiso de Rick con Ilsa en Casablanca es auto-impuesto. Por él mismo. Nadie le obliga a nada, pero él lo quiere así. Llámenlo como quieran, pero es un compromiso de ésta primera clase. De la segunda, del mutuo acuerdo, nos sirven también Ilsa y Casablanca ya que el compromiso de ella con Victor Laszlo es de este tipo. Por último, el que nos llega forzado, es el de Michael con su padre y con su familia. Sin el intento de asesinato de Vito y sin los acontecimientos posteriores, Michael, nunca hubiese llegado a ser Don Corleone. Ser Padrino no era su compromiso, pero le tocó y lo acató.

Muchos tipos de compromiso en definitiva para intentar explicar de una manera, algo distinta si me permiten, lo que ha sucedido en la última semana. Por que sí, hablamos de si Nikola Mirotic (nacido en Montenegro hace 22 años) tiene o no compromiso con la selección española. Algo que solo de leerlo me parece absurdo pero que ha generado debate. ¿Qué un jugador acuda o no a una convocatoria de una selección es únicamente cuestión de compromiso? Ó ¿hay más cosas? Y los que han dicho que no les llamen, que no van a acudir ¿tampoco tienen compromiso? Y aquel que hoy dice no, mañana sí, y pasado mañana otra vez no ¿ese tiene o no tiene compromiso? Qué pasa, que si llevas más 10 años te ponen una pegatina que diga: compromiso y, si no has estado nunca, esa pegatina ni la tienes ¿ni la tendrás?

¿De verdad hay que reducirlo todo a eso? Porque “el que no tiene compromiso” jugó un europeo con un país que no era el suyo con el tobillo lesionado y en contra de las indicaciones de lo que le pedía su club. Nadie le obligó. Tomó una decisión y actúo en consecuencia. Pero se conoce que ese verano las pegatinas de compromiso todavía no habían llegado de la imprenta. Debieron aparecer después. Cuando le prometieron, sí prometieron, que si volvía al año siguiente estaría en aquella gran cita absoluta tan cercana. Pero debieron perderse las pegatinas por el camino ya que uno cumplió y otros no. Algo, por cierto, totalmente lícito y respetable. Cada uno está en su derecho de tomar las decisiones y los métodos que estime más oportunos en cada momento.

¿Saben como define compromiso la Real Academia de nuestra lengua? Compromiso: 1. Obligación contraída. 2. Palabra dada. 3. Dificultad, embarazo, empeño. 4. Delegación que para proveer ciertos cargos eclesiásticos o civiles hacen los electores en uno o más de ellos a fin de que designen el que haya de ser nombrado. 5. Promesa de matrimonio. 6. Convenio entre litigantes, por el cual someten su litigio a árbitros o amigables componedores. 7. Escritura o instrumento en que las partes otorgan este convenio. No sé a ustedes, pero a mí me queda bastante claro quién tiene o no tiene compromiso en ésta historia y, si eso, es más o menos importante que otras cosas. Porque, al final, todos somos esclavos de nuestras palabras y, la que está de moda ahora, es compromiso.