Habían tenido un gran arranque los jóvenes Timberwolves. Esperanzador para un equipo que aspira a dominar en los próximos años de la mano de Wiggins y Towns. Pero, a día de hoy, el auténtico termómetro del equipo sigue siendo Ricky Rubio.

Aunque sus estadísticas no parecen demostrarlo, cuando el base español está en pista, los Wolves muestran otra cara. Son un equipo diferente. Y esa siempre ha sido la principal virtud de Ricky: transformar equipos con su juego. Hacerles mejores gracias a su estilo.

Desde que el base de El Masnou está de baja por unas molestias en su muslo izquierdo – la franquicia no quiere arriesgar lo más mínimo con él – su equipo ha cosechado un 0-3 de balance. Derrotas ante Hornets, Warriors y, anoche ante los Pacers, abren la primera mala racha para Minnesota.