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Menos de un año después de los Juegos, el mundo entero volverá a fijar sus ojos en Londres, epicentro del baloncesto mundial durante 3 días. Llega la Final Four, el mayor exponente del basket de clubes que el viejo continente es capaz de ofrecer. Durante 3 días podremos disfrutar de un evento tan magnífico como el título que pone en juego, designar al rey de Europa. Durante 72 horas las fuerzas a este lado del charco se centran en mostrar que hay baloncesto más allá de la NBA ,y que este además cuenta con una historia de décadas, de batallas y de sentimientos que nunca podrán ser franquiciados, imitados o replicados. Un aroma a baloncesto que sólo la renovada y añeja «Copa de Europa» nos puede regalar.

16 años después, la Euroliga vuelve a cruzar los destinos de dos equipos condenados a porfiar por los títulos. Tras aquella noche parisina de 1996, Barça y Madrid se citan en la antesala del trono europeo. El clásico de los clásicos, el partido del siglo, la madre de todos los Barça – Madrid… cualquier superlativo nos vale para hablar de un duelo, que se presenta tan igualado como cargado de pasión.

Llega el Barça demostrando que pese los cambios, esta temporada se ha sentido más cómodo con el traje europeo. Sus dudas en España se han tornado certezas en esta edición de la Euroliga. Fiel el Barça a una regularidad sin paragón entre sus rivales. Los números lo explican a las claras. La de Londres será su 13ª Final Four, la cuarta en cinco años. Si el que la sigue la consigue, desde luego que el Barça méritos acumula para lograr su 3ª.

Pero Xavi Pascual mejor que nadie, sabe de lo complicado de la tarea. Primero porque los azulgrana llegan con bajas sensibles, empezando por Mickeal, siguiendo por el limitado estado físico en el que llegará Wallace, y terminando por la duda de Navarro, que aun mermado sigue siendo la piedra angular de un equipo, que ya ha demostrado su carácter cuando más calienta el sol. Si el Barça quiere reinar, lo tendrá que hacer apoyándose en su defensa y encontrando socios, que en ataque secunden a la segura aportación de Navarro. Es el momento de Tomic, es hora de que Lorbek justifique su renovación. La cita llama a la mejor versión de Marcelinho, al atrevimiento de Arbines y a la fuerza de Jawai. El año pasado el Barça recibió una lección tan dolorosa como clara: No importa lo que hayas hecho hasta aqui, la Final Four es cruel y sin memoria. Sueñan en la ciudad condal con que el aquí y el ahora sonrían a un equipo que como el Madrid tendrá el aliciente de dejar en el camino al eterno rival.

Un rival, el Real Madrid, que en los tres últimos años suma dos presencias en una cita que le era esquiva desde mediados de los 90.

Mucho ha cambiado este Madrid con respecto al que se presentó en Barcelona en mayo de 2011… En su segunda campaña Pablo Laso, ha logrado uno de los retos que el club se había marcado cuando amanecía esta campaña, volver a la élite del baloncesto europeo. Pero tras el sinsabor de Barcelona, en el Madrid saben que esto pese al tiempo sabrá siempre a poco para un equipo al que contemplan 8 títulos europeos. Una alargada sombra tejida por otros «ya retirados»  que no desaparecerá hasta que una nueva generación tome el relevo de aquel Real Madrid que conquistó Europa en el Príncipe Felipe de Zaragoza.

No puede esconder el Madrid su favoritismo en esta semifinal. Para eso llegaron al club nombres como Rudy o Jaycee Carroll. Cuenta el Madrid con el mayor arsenal anotador que se recuerda en años en el club. Un estilo frenético, que aspira a ser algo más que un soplo de aire fresco en el controlador basket ganador que ha dominado con tiranía esta competición.

La exigencia es máxima, también para hombres que podrían consagrar sus carreras en una cita así. Sergio Llull, Nikola Mirotic, Sergio Rodríguez. Ganar aqui, equivale a hacer historia. El premio es la inmortalidad deportiva.

Tal vez hoy ninguno alcanza de verdad a asimilar lo que está en juego, seguro que tampoco lo eran los Sabonis, Arlauckas, Antúñez, Lasa , Santos y cía, cuando hace 18 años coronaron al Madrid por 8ª vez. Hoy sus fotos y logros se evocan al llegar estos momentos.

No se pueden pedir más. Bueno sí, podemos pedir que nuestro baloncesto aproveche el escaparate que se le brinda para llegar a más gente. Un reto, de los pocos que atañen por igual a los dos grandes de nuestra liga. Si el terreno perdido durante años se puede reconquistar en parte será gracias a ocasiones como la que se nos avecina.

CSKA – Olympiakos, quizá sea de las dos semifinales la que cuenta con claro favorito en las apuestas. El conjunto ruso hace un par de meses que parece haber encontrado su velocidad de crucero. De nuevo en el banquillo ruso, Messina regresa a un hábitat conocido y donde el catanese se mueve como pez en el agua. Experiencia en el banquillo, y una plantilla que pasa por ser la más completa de Europa. El talento de los rusos personificado en nombres como Teodosic, Weems o Krstic, sólo es comparable al despliegue físico más dominante de los cuatro finalistas. El slogan del «TSESKA» es claro: «Estamos aquí para ganar». De momento ya asustan. valga como ejemplo el rol de Aaron Jackson (convertido en especialista defensivo) o Vorontsevic relegado a un papel menor en la segunda etapa de Messina. Ambos tendrían acomodo de estrella en un buen ramillete de equipazos europeos, y aqui son «braceros de lujo».  El ejército ruso ya esta aqui, y parece que no vienen a hacer prisioneros.

En la memoria de todos está el título evaporado en un atroz final de partido ante su rival del día 10. El año pasado los moscovitas abrieron una puerta a la gloria griega y en Londres la quieren cerrar para siempre.

Enfrente el anárquico campeón de Europa. Olympiakos es siempre imprevisible, sus altibajos son tan sonados como el genio de algunas de sus estrellas. Hombres acostumbrados a dominar partidos, a decidir títulos. A favor, un título que defender y un papel de víctima en el que los griegos, inventores de las tragedias, interpretan como nadie. En contra, que Europa ya conoce las andanzas del señor Acie Law, el potencial del «rising star» Kostas Papanikolau (objetivo del Barça y del CSKA). En Londres nadie se atreverá a menospreciar la capacidad de Kyle Hynes para jugar en la pintura con menos de 2 metros… Olympiakos no podrá ir de outsider, nobleza obliga. Dusan Ipkovic será un testigo de lujo de los réditos de su legado griego.

Lo hermoso de un lugar común como este no es otro que el caldo de cultivo donde ocurren esos milagros deportivos con los que todos sueñan. Es en ese mistico lugar, donde llega el momento de los hombres, héroes disfrazados de jugadores de baloncesto. Genios que aparecen para decir al mundo «VENGO A GANAR EL PARTIDO» que resuelven con un «AQUI ESTOY YO» o que simplemente dominan un partido, devoran el escenario y escriben la historia de este deporte.

Invitados estáis a la mejor competición del viejo continente. Una cita con lo eterno, con la historia que esperamos contar con al menos la misma pasión con la que vivimos los que amamos este deporte de tíos altos que hacen cosas marcianas.

¡Nos vemos en Londres!