EttoreBlogMunoa

 

Hablar de Ettore Messina es hacerlo de uno de esos entrenadores que pasean una denominación de origen singular, cultivada a lo largo del tiempo en banquillos que, de la mano de estos técnicos se citan con la gloria. En el campo eslavo surge el nombre de Zeljko Obradovic como ejemplo de entrenador de marca. Messina, por decirlo así, es una especie de Obradovic mediterráneo, aunque de amplias fronteras, incluidas las extensas demarcaciones de la NBA, donde ya pasó una fase como entrenador ayudante de Mike Brown, experiencia sobre la que explica algunas cosas en la entrevista con el Juego de Naismith.

Lo que tienen en común los técnicos como Messina y Obradovic -a quienes se podrían añadir otros nombres de relumbrón- estriba en una manera peculiar de hacer las cosas tanto como en la aplicación de un método propio. La capacidad de adaptación de ese método a cada equipo es la clave de la cuestión.

Determinados entrenadores encuentran en un equipo concreto el escenario ideal para implantar su metodología particular. Esto ha ocurrido toda la vida. Ha habido equipos indisolublemente unidos a la figura de su técnico en todas las épocas. En España abundan los ejemplos, como Pedro Ferrándiz y Lolo Sainz en el Real Madrid o Antonio Díaz Miguel en la selección española, Aíto García Reneses en el Barcelona. Fuera de España también hay abundantes ejemplos, desde Bobby Knight hasta Iannis Ioannidis, referente del Olympiakos en la década de los noventa.

Sin embargo, el método necesita las condiciones adecuadas para funcionar. Y eso requiere la implicación de todo un club, desde la presidencia, hasta la directiva, los jugadores, los asistentes y el cuerpo técnico. Precisan de la acción conjunta y en la misma dirección para lograr que el engranaje funcione a pleno rendimiento. Eso es lo más complicado.

Messina, por ejemplo, ha conseguido el éxito con su manera de entender el juego. En su palmarés figuran cuatro títulos de la Euroliga, dos con el CSKA Moscú y otros tantos con el Virtus Bolonia, por citar los más destacados al frente de una escuadra de club. También con Italia ha hecho sus pinitos y su futuro -siempre en función del tiempo que permanezca en su segunda etapa como responsable del CSKA- puede estar de nuevo en el banquillo de una selección nacional. Pero el método de Messina en el Real Madrid no funcionó pese a que una gran parte de su método estriba en un comportamiento que encaja perfectamente con la filosofía de la entidad madrileña, a la que se le atribuye una condición de caballerosidad como marcador genético.

Messina es un caballero, un hombre con una educación exquisita, muy eficaz en la siempre complicada tarea de la comunicación. Pese a todo, mediada su segunda temporada en el Real Madrid presentó la dimisión, un caso excepcional en la historia madridista. Nadie se había marchado del banquillo blanco como lo hizo Messina. Algunos lo interpretaron como una muestra de impotencia y un golpe bajo al club. Otros, entendieron que obedecía a un alto sentido del deber y de la honestidad. Opiniones hay para todos los gustos.

Lo cierto es que Messina no consiguió la mezcla de ingredientes que certifican un método, y la razón principal fue la distancia que algunos jugadores tomaron con las ideas del técnico italiano. Lo que se había seguido a ojos cerrados en Bolonia, en Treviso y en Moscú no funcionó en Madrid. Esta es una demostración de lo complicado que es ser un entrenador de firma en una entidad tan grande como el Real Madrid.

A los grandes expresos del deporte, a las sociedades de relumbrón de los deportes profesionales, les cuesta mucho trabajo aceptar lo que muchas veces se interpreta como un pecado de personalismo. Se tiende a creer que nadie puede estar por encima de la institución y, en esa diatriba, se confunde el respaldo a un plan común encarnado en un líder con la pleitesía a un individuo.

Para entenderlo mejor basta con explorar las razones que llevaron a Zeljko Obradovic a salir del Real Madrid. Resulta difícil creer que un doble campeón del mundo con Yugoslavia (como entrenador y como jugador), que el hombre de los récords en la Euroliga, que la llave del éxito para tantos equipos, incluido el Real Madrid, al que hizo campeón de Europa en 1995, se marche de un transatlántico como el madridista por algo tan simple que resulta inconcebible.

Obradovic decidió que debía marcharse después de una derrota en la Liga Europea, que así se llamaba entonces. Fijó un entrenamiento en la antigua Ciudad Deportiva de La Castellana un día poco habitual y, cuando llegó al pabellón, se encontró con que no había llave para abrir el cuarto del material donde estaban los balones, o sea, que no había forma de entrenar. Ese día decidió que se marchaba.

Messina también entendió que no había posibilidad de implantar un método en un mastodonte como el madridista y también hizo las maletas. Por fortuna, parece que Pablo Laso sí ha logrado cambiar la dinámica de un club que, en breves días, tendrá una nueva cita con su historia mas mítica, la de la antigua Copa de Europa, en la Final Four de Londres. Por si fuera poco, el baloncesto español ha llevado su clásico mas apasionante en una semifinal con el duelo entre los blancos y el Barcelona. Esa cita agrada a los entrenadores con método y a los que carecen del mismo. Es un encuentro que nadie debería perderse.