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El domingo pasado terminó la temporada, una brillante temporada, para el que, probablemente, sea el equipo con más méritos intangibles acumulados del curso. Hablo del Obradoiro, un nombre histórico de la canasta nacional, ligado a jugadores ilustres, épocas pioneras, a ilusiones mimadas y a una fuerza de voluntad y una inquebrantable confianza en la justicia, deportiva y legal.

La participación del conjunto gallego en los cuartos de final por el título de la ACB 2012-13 es una auténtica gesta del baloncesto moderno. Un logro que guarda cierto parentesco con la mítica historia del equipo colegial de la famosa película ‘Hoosiers’, de cuyo título cojo prestada una parte para encabezar este blog. Porque, si la aventura de aquellos adolescentes de la Indiana profunda dirigidos en la pantalla por Gene Hackman y protagonistas como nunca jamás hubieran soñado de la cita con la gloria, la tenacidad y el esfuerzo del Obradoiro no le andan a la zaga.

El domingo pasado, el Real Madrid ganó a los santiagueses en el pabellón Fontes do Sar y puso final a su primera y única partipación en las series por el título. Hasta ahí, todo suena bastante normal. Pero no todo es tan simple. El octavo puesto final del Obradoiro es la mejor clasifiación de su historia y, hace cinco años años más o menos, nadie se hubiera atrevido a pronosticar algo ni siquiera parecido.

A la mejor clasificación liguera hay que unir el premio a la mejor afición de la campaña y una despedida a lo grande de jugadores y técnicos. Así es la guinda de un pastel que muy pocos insistieron en cocinar y que el domingo llenó de sabor las bocas de muchos seguidores, que pese a la derrota, salieron felices de la pista tras despedir con honores a baloncestistas y jugadores.

Se han pasado el año detrás de los suyos, a quienes no han regateado ni un aplauso ni un gesto de ánimo. A muchos se les debieron pasar por la cabeza escenas de aquella fatídica temporada 89-90, con Victor Anger como americano de relumbrón, en la que se pasó del sueño del ascenso a la entonces denominada División de Honor a la pesadilla de una eliminación injusta que ha tardado años en resolverse.

El motivo del conflicto fue la alineación de Esteban Pérez como español en la Júver Murcia en la segunda ronda de las eliminatorias de ascenso. Pérez fue inscrito y jugó como español, aunque en realidad no podía disfrutar de ese estatus. El conflicto iniciado con la reclamación por la participación del argentino no fructificó en las instancias disciplinarias deportivas y desembocó en los tribunales de justicia ordinaria. Pero el proceso que terminó por dar la razón al Obradoiro no concluyó hasta 2007.

Por el camino se registra incluso un paso por categoría autonómica debido a un problema en la recepción de un aval que excluyó al club de la Primera B. Esta exclusión también fue recurrida ante los tribunales y, al igual que la anterior, también resuelta a favor de las pretensiones de la entidad gallega, de manera que la Federación Española tuvo que inscribir al Obradoiro en Primera B en la temporada 1991-92. Esa fue la última temporada en categoría profesional hasta el regreso a la ACB en 2009.

Las deudas y los litigios legales habían dejado las arcas del club maltrechas, pero un grupo gestor encabezado por José Angel Docobo y José Ramón Mato se puso al frente de la nave y continuó la batalla en los tribunales. Por el medio, el Obradoiro compite con un equipo juvenil, engrosa la competición local y también la autonómica.

Finalmente, tras quince años de lucha, el Tribunal Supremo obligó a la ACB a readmitir en la Liga a la sociedad santiaguesa y, además, a que le aplicara el canon de ingreso que le hubiera correspondido abonar el año de la tristemente famosa alineación indebida.

En junio de 2009, justo el último día del plazo habilitado al efecto, el Obradoiro formalizó su inscripción en la ACB para la temporada 2009-10. Ahora, y tras otro descenso que le mandó en el curso 2010-11 a la LEB con su correspondiente ascenso al año siguiente, el Obradoiro ha logrado el privilegio de jugar por el título de la ACB. Aunque sólo haya durado dos partidos, esta temporada no se le olvidará nunca a nadie en Santiago.