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Los marcadores del estadio de Montjúic se iluminaron y los Juegos Olímpicos de Barcelona´92 saludaron al mundo en una preciosa tarde de verano. Hola, hola, hola. La ceremonia inaugural de la única edición de los Juegos sobre suelo español hasta la fecha (mucha suerte, Madrid 2020) levantaba el telón y La Fura dels Baus empezaba a desplegar sobre un inmenso tapete azul celeste tan imborrable como el color del Mediterráneo cuyo aroma llegaba hasta las gradas del coliseo barcelonés, la apertura de un momento culminante para el deporte mundial y, muy en especial, para el baloncesto.

Entre los miles de atletas que ese día salieron detrás de sus abanderados para desfilar y celebrar el olimpismo, una docena de hombres acaparaba la atención de todos dentro y fuera de la cancha de atletismo en la que pocas fechas después volaba Carl Lewis, el ´Hijo del Viento´. Su sola presencia aumentaba la admiración que sus nombres desataban con solo pronunciarlos antes de verlos allí, juntos, sonrientes, saludando al cielo con los sombreros del uniforme oficial del equipo olímpico de los Estados Unidos en la mano, preparados para competir por el oro y la supremacia de la canasta estadounidense.

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Eran ídolos de carne y hueso. Héroes que dejaban con la boca abierta incluso al resto de los olímpicos que habían desfilado por Montjúic y se alineaban excitados por la grandeza del momento en el centro del estadio a la espera de que Juan Sanepifano, nuestro ´Epi´, diera el último relevo de la antorcha y un arquero paralímpico encendiera la llama eterna del pebetero con un arco y una flecha. Muchos no podían resistir la tentación de pedirles unos segundos para hacerse una foto o grabar un vídeo junto a ellos. Desde las posiciones reservadas para los medios de comunicación en las gradas se podía ver las sonrisas enormes de estos doce fantásticos: Earving ´Magic´ Johnson, John Stockton, Larry Bird, Michael Jordan, Patrick Ewing, Charles Barkley, Scottie Pippen, Clyde Drexler, David Robinson, Chris Mullin, Karl Malone y el ´júnior´Christian Laettner.

En dos palabras, el ´Dream Team´, el equipo de ensueño, la primera formación olímpica de la historia con denominación de origen NBA. El baloncesto asistía al inicio del mayor cambio de toda su historia, al largamente esperado encuentro del resto de la canasta planetaria con los herederos directos del hombre que inventó el juego, James Naismith, cuyo nombre bautiza esta página.

Lo que sucedió en los días siguientes acrecentó la fascinación por ese esplendoroso conjunto de estrellas y, de forma paralela, la atracción hacia el juego de quienes todavía no llevaban el gusanillo del ´basket´ metido en las venas. Nadie puede resistir la sonrisa de ´Magic´, te hipnotiza. Él siempre jugaba con la alegría pintada en el rostro. tampoco hay manera de escapar al magnetismo que irradia Michael Jordan, un junco de ébano capaz de bandearse en el aire para trazar maravillosas piezas de arte salpicadas de color y estética, de fuerza y seda. Y también había un cierto no sé qué en las rudas maneras de Charles Barkley, un pasaporte viviente hacia el baloncesto más pirata, un salvoconducto para conocer de primera mano los modales y el lenguaje de las canchas callejeras de los Estados Unidos, de los ´playgrounds´ donde tantos y tantos fuera de serie dieron sus primeros pasos. El ´Dream Team´ irradiaba una magia profunda, insondable.

En esta página queremos contar ese misterio que envuelve la figura de quienes hacen volar nuestros sueños. Ponerles el alma que, en ocasiones, no dejan ver las bambalinas que rodean a los deportistas profesionales. Pintar su faceta humana más allá de los mates estratosféricos, los contraataques vertiginosos y las asistencias imposibles. Dimensionar el significado humano del juego. Relatar lo que se vive fuera de la cancha. Ilustrar la categoría de los valores que transmiten. Compartir el privilegio que supone estar cerca de las estrellas.

Somos un grupo de periodistas que amamos el baloncesto y queremos llevar la pasión por el juego a las pantallas de vuestros dispositivos, informaros puntualmente de lo que ocurre, pero también ir más allá, ofrecer la posibilidad de conocer cómo es el mundo de quienes vuelan por encima de los aros dentro y fuera de la cancha. Contribuir a que los valores que engrandecen este divino arte entren a formar parte de la vida de cuantas más personas mejor. Ser un espejo de lo excepcional.

ZeljkoArribaY nos encontramos a escasas fechas de una cita excepcional en la que confluirán equipos, técnicos, árbitros y jugadores excepcionales: la Final Four de la Turquish Airlines en el O2 de Londres. Ya que en esta inauguración de El Juego de Naismith contamos con una entrevista al irrepetible Zeljko Obradovic, que tenemos la fase final de la antigua Copa de Europa a la espera de sus dos últimos contendientes y que el técnico de Cacak es el más laureado del continente, con ocho títulos de la máxima competición europea de clubes (ocho con cuatro equipos distintos -Partizan (1992), Real Madrid (1995), Benetton Treviso (1998) y Panathinaikos ()-) he creído apropiado contar alguna vivencia que sirva para empezar a destilar los valores ocultos del juego en EJDN.

No cabe esperar que las historias sean siempre impactantes a primera vista. Algunas veces, del mismo modo que sus protagonistas no alardean públicamente de ellas y muchas veces pasan inadvertidas salvo para los directamente interesados, hará falta un poco más de reflexión para llegar al sentido profundo de esas acciones que hacen que las estrellas del baloncesto sean también auténticos titanes. Como sucedía en la famosa película en la que Gene Hackman interpreta a un entrenador que recala rebotado desde un equipo universitario de primera fila en una humilde formación de pueblo en Indiana para alcanzar la gloria, ´Hoosiers, más que ídolos¨, parte de cuyo título cojo prestada para encabezar este blog.

Puede parecer anecdótico, incluso algo vanal, pero a mi me parece un momento revelador, uno de esos detalles que distinguen a la gente del baloncesto de los demás. Porque, si uno acaba de proclamarse campeón de la Euroliga al frente de un cuadro de relumbrón, después de un encuentro intenso, vibrante, ajustado, con un baloncesto de alta escuela y frente a un adversario sobrado de calidad, también manejado por un estratega de elite como el CSKA de Ettore Messina (que ya ha clasificado a la antigua formación del ejército soviético para la F4 de Londres), parece difícil que tenga tiempo de atender a un periodista español sobre la misma cancha del pabellón OAKA antes de responder a una nube de compañeros de los medios griegos acuciados por la inmediatez que supone la conclusión de una final continental ganada por un equipo de tu país en su propia casa.
Sin embargo, Zeljko, rebosante de felicidad por el triunfo conseguido pocos minutos antes y una vez liberado de los abrazos, lágrimas, risas y emociones que se desatan sobre una pista al término de una final, detuvo sus pasos camino de los vestuarios del pabellón olímpico de Atenas para atender a un periodista español de agencia, de hacerlo en castellano y de borrar las urgencias del informador, nervioso por conseguir las primeras declaraciones del técnico campeón y dejar paso a los excitados colegas griegos, pidiendo por favor a todos que esperasen un momento, que enseguida estaba con ellos.

Insisto, puede parecer una tontería y, probablemente tampoco lo cuente demasiado bien por la expectación que también representa para los que nos hemos embarcado en EJDN el día de nuestro estreno, pero creo que expresa perfectamente la ética que mueve el baloncesto.

Después de su etapa en el Real Madrid, Zeljko expresó así uno dos de los principios que convierten nuestro deporte en algo fuera de lo común: el respeto y la amistad. Podía haber quedado como un señor haciendo un pequeño aparte para responder a las preguntas del informador cuando todo se hubiese calmado, después de las conferencias de prensa oficiales y de cumplir con los medios griegos, en los pasillos interiores de la instalación del barrio de Marusi, a escasa distancia del estadio olímpico coronado por la esplendorosa cubierta de Calatrava. Fue, igual que nos encantaría a los integrantes de EJDN, un paso más allá.

No dudó en pedir un momento a los periodistas locales para hablar primero con un ´plumilla´ español. Eso le podía haber costado algún tantarantán mediático, pero le dio igual. El hombre que a veces enrojece de ira en la banda y le canta las cuarenta a un jugador, gasta un talante ardiente, lo cual no significa que no sea un perfecto caballero. Nunca ha hablado mal de un jugador en público, aunque antes le haya puesto las peras al cuarto en el vestuario.Y, desde luego, sabe prestar atención a la gente al margen de las apariencias. Predica con el ejemplo los valores del juego.

Entre los principios técnicos encontramos que se puede jugar con velocidad siempre que sea posible, lo cual es distinto a moverse con precipitación. En este blog tratare de evolucionar al ritmo del ´showtime´, si bien en este primer contacto ha habido cierta precipitación. Lo reconozco. Volveremos a escribir sobre Zeljko.