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En abril de 1991 un equipo de provincias se atrevió a asomar la cabeza en la aburrida y eterna dicotomía de la liga de baloncesto. Con permiso del CAI de Zaragoza, el Taugres de Vitoria llegó a las semifinales de la liga ACB por primera vez y aunque cayó frente al entonces poderoso Joventut, presentó sus credenciales a la élite del baloncesto español. Y, a diferencia del CAI, lo hizo para quedarse. Desde aquella primavera, hace ya 23 años, en Vitoria se instalaron los brotes verdes… Tanto que en estas dos décadas largas se han levantado tres ligas, seis copas del rey, una copa de Europa, y se han disputado cinco Final Four de la Euroleague. Además de cuatro supercopas y otros cuatro subcampeonatos de liga. A ello hay que sumar un largo etcétera de noches épicas y nombres ilustres. De hecho, Vitoria ha sido cantera de la NBA en tantas ocasiones que pensar en un quinteto ideal baskonista es tarea casi imposible. Pero…Baskonia1991

Llegó la crisis y con ella el azote de la burguesía. Igual que pasa en la vida real (el baloncesto no es real, es el cuento en el que nos evadimos de ella), los ricos son más ricos, los pobre más pobres y la clase media es quien más nota la diferencia. Quizás porque entre pobre y muy pobre el salto es menor. Quizás porque si los ricos del fútbol abren la brecha y siguen empezando cada año sin presupuesto el abismo es mayor. Pero la realidad, terca, es que el segundo peldaño es el que más ha sufrido la crisis en el baloncesto europeo. Solo hay que mirar a los países vecinos.

Y en el mar de la austeridad, el club vitoriano todavía no sabe a qué jugar. Duda entre las recetas de Merkel y dedicarse a reducir y reducir la deuda por la vía de la contención del gasto, o lanzarse a en clave Pablo Iglesias y dar la deuda por impagable y huir hacia adelante. Pero mientras decide si quiere ser austero o gastador, el tiempo pasa. Y pasa sin modelo, sin ideas fijas, sin proyecto definido. Y lo que es peor. Esa sensación de duda, que solo dentro del club saben si existe, se transmuta en mensaje al exterior y la afición, los jugadores y los rivales la perciben. Y ahí, en ese grave problema de comunicación, estriba una de las claves de la situación del equipo.

La plantilla del Baskonia es buena. No llega, por razones mencionadas, a lo que poseen los clubes sin presupuesto. Pero sí debería competir, al menos, con Unicaja y Valencia. Pelear por estar en la zona noble de la liga y de Europa. Precisamente, la mitad del viejo continente suspira por Heurtel al mismo ritmo que la grada azulgrana se desquicia con sus errores que ya llevan el calificativo de ‘heurteladas’. Vujacic fue pieza indiscutible de unos Lakers vencedores. Iverson es roca dura en cualquier zona menos en la del Buesa. Bertrans está llamado a ser el Teletovic de esta década. San Emeterio ha sido santificado y depuesto varias veces, pero nadie duda de su calidad y entrega. Perkins era hasta hace unos meses objeto de deseo de varios equipos europeos. Tillie fue en Murcia una de las grandes revelaciones de la ACB. Hamilton deslumbró en Bilbao tanto como desquicia en Vitoria. Y así, con todos.

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En el banquillo, fracasó el Perasovic que deleita en Valencia; fracasó la segunda etapa de Ivanovic (a pesar de ganar la hasta ahora última liga baskonista); se hundió el prometedor Tabak; desesperó a propios y extraños el laureado Scariolo; y la #humbition (humildad y ambición) del Crespi que maravilló en Siena se quedó en ‘hundition’… Y nada que decir de la despedida de Spahija, a pesar de ganar su única liga en Vitoria y clasificar al equipo para la última Final Four disputada. Ni nada que añadir sobre Maljkovic, que pasó desapercibido por la capital alavesa.

Entonces, si los entrenadores han tenido calidad y la plantilla es mejor de lo que demuestra… ¿qué le pasa al Baskonia? Pues nadie lo sabe a ciencia cierta. Y no seré yo quien se crea más listo que los que lo viven cada día. Pero parece que es una cuestión de ideas, de modelo, de comunicación hacia la parte deportiva y hacia la afición. El Baskonia debe reconocer su nuevo peldaño. Y para superar ese ‘shock’, sin ningún tipo de complejo, tiene que pasar por el diván. Porque es duro comer york cuando te has hartado a ibérico.

Baskonia debe ser honesto, mirarse al espejo y trazar su estrategia deportiva y de comunicación acorde a lo que es ahora. ¡Qué es mucho! Ningún equipo ha estado, y está, tanto tiempo en lo más alto como lo ha estado, y está, nuestro Baskonia. Pero toca repensar el futuro y afrontarlo en el presente. Toca reconocer que ahora hay que ir paso a paso. Que hay que vender, parar y arriesgar con más jóvenes, con menos kilates. Que hay que ser pacientes. Y hay que trasladar calma a la plantilla. Poner un corta fuegos entre la lógica ansiedad del palco y los tiempos deportivos. Y amainar a la grada. Comunicar con ella para que deje de lanzar a los leones a sus propios gladiadores. El Baskonia debe volver a ser el Baskonia, debe reencontrarse en el año 91 y recordar que todo lleva su tiempo. Y el tiempo del Baskonia ha sido glorioso, es dubitativo y será de nuevo, estoy seguro, laureado. Pero con calma, unión, sinceridad y paciencia.

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