BlogFernandoMartinBigMarc

 

Hubo un tiempo en que este apodo hubiera sido entendido como peyorativo.

No hace falta ser muy viejo para acordarse de cuando Marc Gasol regresó de Memphis a Barcelona y empezó a jugar en la ACB. Cuando alguna afición rival, especialmente la del Estudiantes, se cebaba con él por su peso, cantándole aquello de ‘tolón tolón’.

Big Marc suena más a cadena de hamburgueserías que a mote deportivo…

Pero hace mucho que la película cambió y en el caso de Marc ahora el big alude principalmente a su dimensión como jugador de baloncesto, a punto de pasar a la siguiente categoría: huge.

Desde aquella convocatoria de urgencia a la selección en 2006, con la sospecha de que se producía por apellidarse como se apellidaba, su evolución ha sido constante e imparable.

A mediados del pasado mes de abril la prestigiosa revista Sports Illustrated incluía en uno de sus números un artículo centrado en la figura del pívot de los Memphis Grizzlies, quien merecía la siguiente definición: “Un espécimen único que sirve de puente entre el viejo mundo y el nuevo”.

Sports Illustrated no tenía reparos en señalarle como el mejor center de la NBA ahora mismo por sus múltiples virtudes e incapacidad para hacer algo mal.

Los play offs de la Conferencia Oeste están refrendando punto por punto esa afirmación.

El mediano de los Gasol promedia 19.1 puntos, 8.0 rebotes, 3.2 asistencias y 2.1 tapones desde que empezaron las series por el anillo, números al alza respecto a la regular season que contribuyeron a chafar los sueños de los Clippers y empujan ahora al último finalista de la NBA al filo del abismo.

Asistencias desde poste bajo o alto, fade aways, ganchos, recibir y tirar de media distancia, tiros libres (80% de acierto)… Maestría en cada acción. Marc revitaliza una posición que en algunos equipos se empieza a no usar dada la escasez de ‘cincos’ de calidad -y a los que hay, que no les pidan jugar de espaldas…- en una Liga dominada por los guards.

Gasol ha cambiado muchas cosas en todos estos años. Las críticas por elogios, las burlas por respeto y las dudas por admiración. Incluso ha modificado la percepción del que, en febrero de 2008, fue considerado uno de los traspasos más abusivos de la historia de la NBA.

Hace unas semanas, además, recibió el premio de Defensor de año, honor que, personalmente, considero excesivo y que hay que atribuir a la excelente labor grupal de los Grizzlies. Me explicaré.

Las estadísticas que se ofrecieron para justificar el galardón, puntos y puntos por posesión permitidos por su equipo cuando está en cancha y diferencia respecto a los puntos permitidos cuando está sentado, no dejan de ser registros colectivos que dependen también del rendimiento de quien está a su lado; en su caso, y durante muchos minutos, Tony Allen y Mike Conley, soberbios defensores. En todas las demás estadísticas individuales que denotan eficiencia defensiva ha habido otros jugadores mucho más destacados que el de Sant Boi. De hecho él fue el primero en extrañarse cuando se empezó a especular con la posibilidad de entrar en el club de los Rodman, Olajuwon, Mutombo, Wallace o Howard.

LeBron James, segundo en la votación, discrepó en voz alta. Creo que no tanto porque el ganador fuera Marc, sino por la costumbre de premiar siempre a hombres interiores que discrimina claramente a un tipo como él, capaz de defender en las cinco posiciones del campo y que, en mi opinión, debía haberse llevado la estatuilla.

Pero no nos vamos a quejar de que en la NBA agasajen a uno de los nuestros… Parafraseo al mito Alfredo Di Stefano: “Siempre se dice lo mismo: ‘No me lo merezco’. Sí, no me lo merezco… Pero lo trinco”.

Premios individuales… Nimiedades en comparación con lo que pueden hacer los Grizzlies en estos play offs. Los veo jugar y observo patrones similares con otros equipos triunfadores en diferentes escenarios esta misma temporada: los Louisville Cardinals y el Olympiacos de El Pireo. Defensa, altruismo, profundidad y espíritu guerrero.

¿Hasta dónde llevará Big Marc su propia revolución?