ESPAÑA 71 – 69 ITALIA

En una de las finales más emocionante, dramáticas y épicas de los últimos tiempos, España consiguió una medalla de oro extraordinaria. Dos tiros libres anotados por Laia Flores a un segundo del final deshizo un empate a 69 a la que había llegado Italia con dos triples imposibles. Pero esa final, que España dominó durante todo el partido en el marcador se la merecían un grupo de heroínas que nuevamente sitúan el baloncesto femenino de formación en lo más alto de Europa.

Tras la derrota ante Portugal en la fase inicial, un resultado que podía hacer tambalear las bases de la confianza, la gestión de la dificultad llevada a cabo por todo el equipo técnico, liderados por un impecable, por su serenidad y por su capacidad, José Ignacio Hernández.

Un guión perfectamente repartido en el que todas sin excepción has jugado un papel fundamental, unas desde la anotación, otras desde la defensa, otras desde la versatilidad, desde la dirección, desde el rebote, desde siempre el esfuerzo y la implicación. Otras con menos minutos pero siempre sumando, siempre sabiendo estar de la manera más adecuada para ayudar a sus compañeras y al equipo en los momentos claves. La tenacidad y la competividad demostrada por estas jugadoras, capaces de saber afrontar las dificultades desde la madurez y desde la valentía, la perfecta dirección de todo el Equipo Técnico y la implicación de todos ha permitido conseguir un Oro sufrido y merecido.

Podría decirse que la “final” fue ante Rusia y que una vez delante de Italia en la lucha por el Oro, las posibilidades de éxito total se multiplicaron pero sería injusto. Porque la prematura lesión de Quevedo y la capacidad de Italia para no irse nunca del partido convirtió la final en otra prueba de máxima dificultad. España firmó una primera parte brutal, excelente, en la línea de unos partidos perfectos que protagonizó desde el último de la primera fase y los cruces de octavos, cuartos y semifinales. Un baloncesto nuevamente basado en el equilibrio, en la alternancia de ritmos, en la disciplina táctica pero también en la inspiración individual (44-26 al descanso).

Pero Italia, con una excelente generación, había llegado a la final, como España, también desde el talento y el carácter fue recordando progresivamente diferencias convirtiendo el partido en una agonía para España. Una agonía a la cual sin embargo respondieron apretando los dientes, sabiendo sufrir, sabiendo llegar al final sin fuerzas físicas quizás pero con la fuerza mental necesaria para sobreponerse a la sucesión de adversidades, en forma de lesiones, que asaltaron a las nuestras desde el inicio.

61-55 en el minuto 35 en unos momentos de máximo dramatismo, con Italia amenazando y situándose a dos puntos, 63-61. Ainhoa López anotó una canasta impresionante a 1,30 del final y posteriormente Helena Orts heroica volviendo a sumar cuando los caminos hacia el aro parecían minados.Pero Zandalassini de tres puntos a 17 segundos del final empató el partido a 69 y Laia Flores, tras un tiro suyo fue a por el balón con toda la fuerza necesaria para agarrarlo y forzar una falta que la postre se convirtió en decisiva para sellar un triunfo antológico.