andersenheatReconozco que tengo el corazón dividido estos días. Por un lado, deseo que la apuesta de los San Antonio Spurs triunfe. Es una maravilla verles circular el balón, abusando del pase extra, sin egoísmo alguno. Son la quintaesencia de la palabra equipo. Una inspiración. Pero, por otro lado, me daría pena que Chris Andersen no consiguiera un anillo que compensara todo lo malo que le ha pasado en la vida.

Su nombre evoca inmediatamente tatuajes, tapones y una cresta mohawk. Y esto no se puede negar. Su tatuador personal afirma que a estas alturas tiene aproximadamente el 75% de su piel cubierta de tinta, es un reconocido intimidador por su envergadura y condiciones atléticas y sus arriesgados peinados han sido una constante desde que llegó a la NBA. Pero detrás de su imagen bizarra hay toda una historia de superación y redención.

Andersen se define a sí mismo como un redneck, un ‘paleto’ de una zona rural de Texas que ni por asomo se podía imaginar lo que la vida le tenía reservado. Su padre, de origen danés, les abandonó a él, a sus hermanas y a su madre cuando era niño, dejándoles con lo puesto. Aquella infancia no fue fácil, pese a que su progenitora Linda, motera y con decenas de tatuajes, se empeñó en sacarles adelante.

Ella le pagaría sus primeros tattoos: dos ideogramas chinos, uno en cada brazo, que significan ‘Bien’ y ‘Mal’. La eterna dualidad.

A Chris incluso le costó explotar sus cualidades físicas. No pudo entrar en una universidad por sus paupérrimas notas académicas y su acceso al baloncesto profesional llegó por una segunda vía. Consiguió un contrato en China, en la D-League y luego (noviembre de 2001), sorprendentemente, en los Denver Nuggets.

Su físico en seguida se convirtió en reclamo.

Durante años Andersen fue un fan favorite, que dicen en Estados Unidos, y también objeto de burlas en no pocas ocasiones, como en los concurso de mates a los que se presentó. No obstante, su carrera iba viento en popa. En el verano de 2005 firmó un contrato con los New Orleans Hornets por valor de 14 millones de dólares. Y eso, para un ‘paleto’ con una perspectiva equivocada de la vida, es mucho dinero para gastar.

Cuentan que en medio de una de sus primeras giras con los Nuggets compró un cachorro de perro. Cuando cambiaron de ciudad intentó llevarlo en el avión del equipo. No entendía qué había de inapropiado en aquel comportamiento.

Luego llegaron otros vicios más nocivos: las juergas, el alcohol y las malas compañías. También el Katrina (que destrozó su casa) y el abandono de su prometida. Su madre, con la que vivía, harta de ver cómo su hijo perjudicaba su futuro con un estilo de vida insano, regresó a Texas. No han vuelto a hablar desde 2005.

En enero de 2006 la NBA le sancionó dos años por dar positivo en un test antidrogas, por una droga de abuso (cocaína, heroína, LSD…) cuyo nombre nunca ha sido revelado.

Tras desintoxicarse volvió, en 2008, a Denver, y su carrera dio un nuevo giro. George Karl confió en él; al último entrenador del año en la NBA, ahora sorprendentemente en el paro, siempre se le iluminaba la mirada cada vez que hablaba del ‘Pájaro’. Incluso en una visita a España en 2009 para participar en un clínic de la AEEB. “Su historia es increíble”, dijo. “Me siento orgulloso de haber formado parte de ella”.
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Desde entonces Andersen ha ofrecido su mejor versión, aportando energía y rebotes desde el banquillo. Volviendo a ser fan favorite, con especial magnetismo para los niños.

El año pasado los fantasmas regresaron. En mayo su casa fue registrada por una unidad de crímenes cibernéticos de la policía. Las alarmas saltaron. El caso no tiene sentencia judicial aún, pero parece tener que ver con una fan que entabló contacto con él cuando era menor de edad. Según sus abogados, Chris es más víctima que culpable.

Casualidad o no, en julio los Nuggets amnistiaron su contrato (le quedaban dos años).

Lo que nos trae al presente. En enero Andersen encadenó dos contratos consecutivos de diez días en Miami, que decidió quedárselo. ‘Birdman’ ha desplazado al tosco Joel Anthony en la rotación y ha sido una baza segura desde el banquillo en todos los play offs (6.9 puntos y 3.8 rebotes de media en 15 minutos en campo).

Su 82% en tiros de campo es más que una anécdota.

Andersen proporciona presencia física y agresividad a unos Heat que ahora mismo atraviesan dificultades frente a los Spurs. Van a necesitar mucha energía para darle la vuelta.

Lo seguro es que a sus 34 años Andersen ha encontrado un nuevo nido en Miami. Padres caracterizan a sus hijos como él, Spoelstra está encantado y sus compañeros se sienten bien al tener al lado a alguien que libre batallas por ellos, como en la durísima serie contra los Pacers.

En unos días sabremos si, tras todos los avatares de la vida, Chris Andersen asciende al cielo como el ‘pájaro libre’ que el tatuaje de su cuello proclama.

Sería un excepcional colofón a su historia.