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Desde que en el verano de 2010 LeBron James anunciara que llevaría su talento a South Beach, Miami Heat se ha convertido, para lo bueno y para lo malo en un equipo que no deja indiferente a nadie. La unión de Dwyane Wade y Chris Bosh junto a James provocó un nuevo cambió en la forma de confeccionar plantillas.

Antes habían coexistido en los equipos varias estrellas, pero nunca se habían juntado vía agencia libre y con talonario de por medio. Tres talentos sacados de la misma generación de jugadores que unieron fuerzas para ganar títulos y que han dado validez a esa forma de construcción de equipos con la consecución de cuatro finales. Ahora bien dentro de este modelo también hay muchas críticas, sobre todo con aspectos que poco tiene que ver con el baloncesto y mucho más con los mass media.

Resulta curioso como estas opiniones que nacen del periodismo más agresivo de la prensa se extienden por redes sociales, periódicos y telediarios y acaban consolidándose entre los aficionados sin entrar a cuestionarlas. Opiniones que han creado roles definidos dentro del Big Three y por las que podemos encontrar a:

EL BUENO: ¿Por qué Wade tiene un status tan grande en el equipo y la liga? Quizá por ser el héroe de la franquicia y la estrella que atrajo a los demás. Puede ser que su imagen de ejemplar padre de familia (con guión de serie de comedia por en medio) y su envidiada relación con Gabrille Union le convierta en el chico bueno del equipo. Peor siendo honestos, si no fuera por esa fama, no sería más conveniente cuestionar el dinero que gana un jugador que este año sólo jugó 54 partidos de liga regular. Sus Playoffs, siendo buenos, tan sólo confirman que aún estando en buena forma (o eso presumen en Miami) están lejos de parecerse a los de los primeros años.

En San Antonio hemos visto la peor versión defensiva de Dwyane Wade, llena de despistes, sin energía para frenar a Manu Ginóbilli o Danny Green y ofreciendo en ataque sólo destellos (Se quedó sin anotar en el primer cuarto del segundo partido). Ahora mismo ha dejado de ser el base del equipo cuando Mario Chalmers no está a favor de LeBron James y ya ni siquiera se puede decir que sea la segunda opción en ataque. No hay jugadas claras para él, mientras que Bosh, Ray Allen o Rashard Lewis sí han dado un paso adelante.

EL FEO: ¿Por qué a nadie le gusta el juego de Chris Bosh? Resulta sorprendente como cada temporada llegados los Playoffs, Chris Bosh comienza a recibir las mismas críticas de siempre sobre un juego cada vez más alejado de la zona y su preeminencia a buscar el triple. ¿Acaso hacía algo diferente en Toronto Raptors? ¿Nadie recuerda el pick and pop que hacía con José Manuel Calderón? El pívot tejano siempre ha destacado por ser un cuatro abierto, que ha sacado mucho rendimiento de su tiro con la zurda y la velocidad en sus penetraciones cuando el emparejamiento con pívots más lentos así lo requería.

Hoy en día, Bosh está dando una tremenda versatilidad y muchas opciones ofensivas al ataque de los Heat en estas Finales. Está sosteniendo a una versión notable de Tim Duncan y superando con claridad a Tiago Splitter y Boris Diaw cuando Miami apuesta por jugar con dos pívots. Además, en ataque está siendo un elemento fundamental como ya lo fuera frente a Indiana Pacers.

El final del segundo partido ejemplifica la dimensión que su juego aporta a los Heat. Un triple desde la esquina (siempre la misma, la derecha) y la penetración dejando atrás a Duncan para luego doblar el pase, nos hablan de un jugador que marca la diferencia en unos partidos iniciales donde su equipo no está jugando tanto small ball y donde está pudiendo jugar más como cuatro abierto. Ah, y por cierto, para los que tanto le critican… recuerden los mates conseguidos yendo hacia dentro en el segundo partido.

EL MALO: ¿Qué necesidad hay de hacer siempre blanco en la diana de LeBron James? Ya lo dijo tras sus calambres en el primer partido, es fácil hacer crítica de su figura desde la lejanía y la impunidad que otorgan muchos medios. Lo mismo vivió Michael Jordan y, más aún, Kobe Bryant. Debe ser que cuanto más talento tiene un jugador más centro de las críticas se convierte. De lo contrario, no se entiende que el que haya sido elegido mejor jugador de la Liga y las Finales en los últimos años no pueda vivir un día sin la presión de los aficionados y sin la carga de ser permanentemente examinado tanto por su juego como por su conducta.

La importancia de James en el equipo está fuera de lugar; sólo con ver como su ausencia en los minutos finales del primer partido provocó la derrota con un 3-16 de parcial y como en estos dos partidos, en la estadística +/-, el equipo suma +11 con él pista (Wade es el que peor sale en este apartado con un -26) uno puede hacerse la idea de como todo en Miami gira en torno a la figura de un jugador que es capaz de jugar en el mismo partido como cuatro y base del equipo.

Sin él, Miami Heat carece de esquema definido de juego, es el faro que está guiando al equipo en ataque y el jugador que está elevando la intensidad física de la defensa de Miami. Pero todo ello seguramente dé igual cuando vuelva a tener un mal día. Será el peso que tenga que aguantar mientras siga teniendo la etiqueta de “malo”. Sólo que queda esperar y ver cómo los años traerán un nuevo malo a la liga y como su entorno generará una campaña de lavado de imagen que atempere la visión crítica que de él existe… eso mismo ha sucedido en el caso del previamente odiado Bryant.